June 22, 2009 01:44 PM PDT
"Lamentación del pueblo
en tiempo de hambre y guerra
1. El canto que el profeta Jeremías, desde su horizonte histórico, eleva al cielo es amargo y lleno de sufrimiento (cf. Jr 14, 17-21). Lo hemos escuchado ahora como invocación, pues se reza en la liturgia de Laudes el viernes, día en que se conmemora la muerte del Señor. El contexto del que brota esta lamentación es una calamidad que a menudo azota a la tierra de Oriente Próximo: la sequía. Pero a este drama natural el profeta une otro no menos terrible: la tragedia de la guerra: "Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad: desfallecidos de hambre" (v. 18). Por desgracia, la descripción es trágicamente actual en numerosas regiones de nuestro planeta.
2. Jeremías entra en escena con el rostro bañado en lágrimas: su llanto es una lamentación incesante por "la hija de su pueblo", es decir, por Jerusalén. En efecto, según un símbolo bíblico muy conocido, la ciudad se representa con una imagen femenina, "la hija de Sión". El profeta participa íntimamente en la "terrible desgracia" y en la "herida de fuertes dolores" de su pueblo (v. 17). A menudo sus palabras están marcadas por el dolor y las lágrimas, porque Israel no se deja penetrar del mensaje misterioso que el sufrimiento implica. En otro pasaje, Jeremías exclama: "Si no lo oyereis, en silencio llorará mi alma por ese orgullo, y dejarán caer mis ojos lágrimas, y verterán copiosas lágrimas, porque va cautiva la grey del Señor" (Jr 13, 17)..."