"Hoy quiero presentar la figura de uno de los padres más grandes de la historia de la Iglesia, uno de los cuatro doctores de Occidente, el Papa San Gregorio, que fue Obispo de Roma entre los años 590 y 604, y que mereció de parte de la tradición el título 'Magnus', Grande. San Gregorio fue verdaderamente un gran papa y un gran doctor de la Iglesia" (Benedicto XVI, Audiencia, 28-V-2008). Así introducía Benedicto XVI la figura de San Gregorio Magno en una de las audiencias generales que ha dedicado a los Padres de la Iglesia durante los años 2007 y 2008. San Gregorio nació en Roma entorno al año 540. Pertenecía a una de las mejores familias de la Urbe, la 'gens' Anicia, que por entonces ya había dado dos Papas a la Iglesia. En su juventud emprendió la carrera administrativa, y en el 572 llegó a desempeñar el importante cargo de prefecto de Roma. Esa tarea le ayudó a adquirir una profunda mentalidad jurídica, a sí como un gran aprecio por el orden y la disciplina, dos cualidades que más tarde le serían muy útiles a la hora de impulsar las reformas en la organización de la Iglesia. Al cabo de un tiempo como prefecto, Gregorio dejó la actividad civil y comenzó una vida monástica en una casa que su familia poseía en el Celio. Sin embargo su prestigio profesional hizo que el papa Pelagio le nombrara diácono y le encargara misiones difíciles de resolver. Años más tarde le llamó a Roma en momentos de las invasiones de los longobardos. Falleció el Papa y Gregorio fue elegido para sucederle en el 590. Recogemos un extracto de una de sus homilías, con enseñanzas muy útiles también para nuestro tiempo.
Madrid: Palabra, 1995; 127 pp.; col. Tiempo libre; ISBN: 84-8239-055-4. 9 años: lectores niños. Narrativa: Fantasía. «Al principio Dios quiso poner un belén y creó el universo para adornar la cuna». Así comienzan estos cuentos sobre la Navidad, tiempo que, según el autor, «no es un aniversario, ni un recuerdo. Tampoco es un sentimiento. Es el día en que Dios pone un belén en cada alma». Desfilan por estas páginas los arcángeles Gabriel y Rafael, estrellas de nombre Oriente, pastores como Zabulón, lavanderas como Salomé, borricos como Moreno..."
"Lux fulgebit hodie super nos, quia natus est nobis Dominus, hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. Es el gran anuncio que conmueve en este día a los cristianos y que, a través de ellos, se dirige a la Humanidad entera. Dios está aquí. Esa verdad debe llenar nuestras vidas: cada navidad ha de ser para nosotros un nuevo especial encuentro con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma.
Nos detenemos delante del Niño, de María y de José: estamos contemplando al Hijo de Dios revestido de nuestra carne. Viene a mi recuerdo el viaje que hice a Loreto, el 15 de agosto de 1951, para visitar la Santa Casa, por un motivo entrañable. Celebré allí la Misa. Quería decirla con recogimiento, pero no contaba con el fervor de la muchedumbre. No había calculado que, en ese gran día de fiesta, muchas personas de los contornos acudirían a Loreto, con la fe bendita de esta tierra y con el amor que tienen a la Madonna. Su piedad les llevaba a manifestaciones no del todo apropiadas, si se consideran las cosas —¿cómo lo explicaré?— sólo desde el punto de vista de las leyes rituales de la Iglesia.
Así, mientras besaba yo el altar cuando lo prescriben las rúbricas de la Misa, tres o cuatro campesinas lo besaban a la vez. Estuve distraído, pero me emocionaba. Atraía también mi atención el pensamiento de que en aquella Santa Casa —que la tradición asegura que es el lugar donde vivieron Jesús, María y José—, encima de la mesa del altar, han puesto estas palabras: Hic Verbum caro factum est. Aquí, en una casa construida por la mano de los hombres, en un pedazo de la tierra en que vivimos, habitó Dios..."
Dios Todopoderoso, que llenaste a tu Siervo Isidoro de abundantes tesoros de gracia en el ejercicio de sus deberes profesionales en medio del mundo: haz que yo sepa también santificar mi trabajo ordinario y llevar la luz de Cristo a mis amigos y compañeros; dígnate glorificar a tu Siervo y concédeme por su intercesión el favor que te pido... (pídase). Así sea.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.
Ser sacerdote es ser servidor de todos. Como Cristo lavó los pies a sus discípulos, así el sacerdote debe ofrecerse a los demás. Y quien apreciará esta generosidad será, principalmente, Dios.
Dios nuestro, que quieres que todas las mujeres y hombres del mundo se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concédeme por la intercesión de tu Sierva Guadalupe que, como ella, aprenda a realizar con amor el trabajo ordinario y sepa contagiar la fe y la alegría a todas las personas que me rodean para que se sumen a los que te conocen y te aman. Dígnate glorificar a tu Sierva Guadalupe y concédeme, por su intercesión, el favor que te pido... (pídase). Así sea.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.
1) Te doy gracias, Señor, de todos corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.- R
2) Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.- R
3) Que ten gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.- R
4) Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo; Señor tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.- R
Respuesta del profesor de Teología Francisco Varo a la pregunta "¿Jesús fundó realmente la Iglesia o es una invención?".
Episodio de la serie "50 preguntas sobre Jesús".
Ana Catalina Emmerick, Beata Anne Catherine Beatificada el 3 de Octubre, 2004 Mística alemana 1774-1824 Religiosa agustina Alma víctima, ofreció enormes sufrimientos viviendo la Pasión de Nuestro Señor. Dios le concedió muchos dones místicos, entre ellos, visiones, estigmatización, locución, éxtasis, etc. En los últimos años de su vida se sustentaba solamente de la Santa Eucaristía. Fue exclaustrada a la fuerza por la invasión napoleónica. Inválida y estigmatizada, vivió la pasión de Jesucristo. Escribió sobre la vida de Jesús. Algunos segmentos: -Nacimiento de Jesús -La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, (libro que inspiró a Mel Gibson a filmar «La Pasión»); -“La Vida de La Santísima Virgen María” y “La Vida de Nuestro Señor”. -La Resurección Sus revelaciones místicas eran tan detalladas que ayudaron a descubrir la casa de la Virgen en Efeso.
La resurrección de los cuerpos, declarada por Jesús. Los cuerpos están destinados a dar gloria a Dios junto con el alma. Nuestra filiación divina, iniciada ya en el alma por la gracia, será consumada por la glorificación del cuerpo.
"1 Mas Jesús se fue al monte de los Olivos.
2 Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.
3 Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio
4 y le dicen: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
5 Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?"
6 Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.
7 Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra."
8 E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.
9 Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio.
10 Incorporándose Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?"
11 Ella respondió: "Nadie, Señor." Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más..."
San Josemaría tenía devoción, desde que era un joven sacerdote, a una talla del Niño Jesús, con el que impartía la bendición en Navidad. Y en la Basílica Pontificia de San Miguel en Madrid hay un belén en el que está representado el fundador del Opus Dei.
El Niño Jesús de San Josemaría
1) A ti Señor, me acojo; no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame.- R
2) Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y alcázar eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa.- R
3) Porque tú Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno materno tú me sostenías.- R
4) Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.- R
"Pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger sus valores y exaltar su riqueza intrínseca, inventando ideas y formas de las que alimentarían las generaciones posteriores" (Benedicto XVI, Audiencia 9 enero 2008). Con estas palabras presentaba el Papa la figura de San Aqgustín, durante la primera de las cinco Audiencias que dedicó a comentar la vida y obras de es te santo doctor de la Iglesia a comienzos de 2008. Tras subrayar la enorme importancia que el pensamiento del Obispo de Hipona ha tenido desde el punto de vista histórico, tanto en la vida de la iglesia como en la constitución y desarrollo de la cultura occidental, el Santo Padre reflexionaba acerca de la asombrosa actualidad que las enseñanzas de San Agustín siguen teniendo para nosotros: "Cuando leo los escritos de San Agustín no tengo la impresión de que se trate de un hombre que murió hace más o menos mil seiscientos años, sino que lo siento como un hombre de hoy: un amigo, un contemporáneo que me habla, que nos habla con su fe lozana y actual. En San Agustín, que nos habla, que me habla a mí en sus escritos, vemos las actualidad permanente de su fe, de la fe que viene de Cristo, Verbo eterno encarnado, Hijo de Dios e Hijo del Hombre. Y podemos ver que esta fe no es de ayer, aunque haya sido predicada ayer: es siempre actual, porque Cristo es realmente ayer, hoy y para siempre" (Benedicto XVI, Audiencia 16 enero 2008). De uno de sus Sermones extraemos el párrafo que se escucha en el audio.
Madrid: Palabra, 1995; 127 pp.; col. Tiempo libre; ISBN: 84-8239-055-4. 9 años: lectores niños. Narrativa: Fantasía. «Al principio Dios quiso poner un belén y creó el universo para adornar la cuna». Así comienzan estos cuentos sobre la Navidad, tiempo que, según el autor, «no es un aniversario, ni un recuerdo. Tampoco es un sentimiento. Es el día en que Dios pone un belén en cada alma». Desfilan por estas páginas los arcángeles Gabriel y Rafael, estrellas de nombre Oriente, pastores como Zabulón, lavanderas como Salomé, borricos como Moreno..."
Pediatra y padre de cinco hijos, buscó tratar intensamente a Dios y servir a los demás, empeñándose por mejorar su salud física y espiritual. Impulsó diversas obras de asistenciales en su país.
Oh Dios Padre, fuente de todo bien, que llenaste de gracias a tu hijo Ernesto, médico, para ser fiel servidor de la vida que en Ti comienza y sólo a Ti pertenece; haz que yo sepa también respetar y promover el don de la vida y cumplir con generosidad mis deberes de cada día, por Amor a Jesucristo y a mis hermanos los hombres. Dígnate glorificar a tu siervo Ernesto y concédeme por su intercesión, el favor que te pido... (pídase). Así sea. Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.
Respuesta del profesor de Teología Francisco Varo a la pregunta "¿El idioma en que hablaba Jesús era griego, latín o cuál?".
Episodio de la serie "50 preguntas sobre Jesús".
Mons. Echevarría, invitado por el Administrador Apostólico Mons. Juan José Asenjo, ha visitado Córdoba para bendecir conjuntamente un retablo de san Josemaría Escrivá. También estuvo con familias en el colegio Ahlzahir
Soy un sacerdote catolico que quiere compartir con toda persona de bien su amor a Jesucristo, darle a conocer y hacerlo querer.
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